jueves, 18 de noviembre de 2021

Poema inspirado en "El grito" de Edvard Munch

 

 

          "El grito"  Edvard Munch


 

CLAROSCURO 

Me niego.

No soporto escuchar el estallido

del silencio que ocupa mis vacíos.

No vuelvo la cabeza,

acaso lo que vea

me alcance y atrape para siempre.

Deseo vivir solo,

ignorante a las curvas del peligro,

admirando desde arriba el precipicio.

Ondulante disfrute el balanceo

que  lleva del éxito al fracaso.

¡Deseo estar siempre en la sombra!

¡Que no me roce el sol ni el ocaso!

tengo  fina la piel y duro el corazón.

Para otros, los mundos inventados,

los cuentos de confeti y caracola,

yo solo amo las olas, por ser olas

y el viento arrebujado entre las rocas,

buscando la salida al otro lado.

Por eso cierro los oídos,

así, ignoro lo  que ruge y os envuelve,

rechazo el artificio que ha crecido

bajo el  mágico pincel de los artistas,

con colores que emborronan a su antojo

lo blanco y lo negro de la vida.

Porque sigo teniendo la piel fina

y cada vez, más duro el corazón.

 

   Grétel 03/11/21

miércoles, 27 de marzo de 2019

Lidia González

“EL OLVIDO QUE SEREMOS”
(Homenaje a un libro maravilloso de Héctor Abad Faciolinde).
 
Vislumbrarás mi huella en el camino.
¡Atento!, será apenas perceptible.
Irá poco a poco diluyéndose,
convertida en polvo diminuto
para que puedas solaparla con las tuyas.
 
La sensibilidad invadirá tus sentidos
si escuchas una voz parecida a la mía;  
palabras bruñidas con el halo del tiempo 
que sonarán lejanas, antiguas…
 
Carentes de razón o entendimiento,
se abrirán paso en el recuerdo
y me traerán un estremecimiento tuyo,
aunque  ya sólo pueda imaginarlo
desde allí, donde me pienses,
allá, donde me encuentre,
si hay lugar para la imaginación. 
 
 Grétel 27/03/2019

miércoles, 27 de febrero de 2019

                   
                                                                DE AURAS Y SARMIENTOS

                 
J.F. Sánchez Muñoz 

Si te has de ir… ¡vete!
¿Para qué dilatar este amor viejo?.
No sirven argumentos de cariño
ni murgas que palíen la tristeza.
El sauce que plantaste en el jardín,
llora con más verdad que tú a sus hojas muertas.
Delirios tengo ya,
de obligarme a esperar
migajas de deseo tras la puerta.
La garganta dolorida de implorarte,
el corazón oprimido entre rejas
y un vacío tan intenso, tan grande…
que el aire que respiro es cloroformo,
narcótico final de muerte lenta.




Si me has de herir…

estocada certera es lo que anhelo.
No consiento me alivies con razones;
si la herida no es sanable, no son celos,
habremos agotado en el reloj
los instantes que marcaron nuestro tiempo,
por eso, si has de irte… ¡cuanto antes!,
aléjate de mí, levanta el vuelo
y no dejes atrás por el camino,
ni rastro de tu aura o de tu  cuerpo.

No tengo la intención de ir a buscarte, 
pues sé, que el nuevo árbol,
donde las garras poses,
sin tardanza se hará
un sarmiento reseco,
retorcido y sin brotes.


Grétel 27/02/2019