METAMORFOSIS
Ya no le
hablo la luna ni le escribo poemas,
ya no
escucho el silencio ni aviento mariposas,
no silbo
si camino, brindo con copas rotas,
de un azul
desteñido se han vuelto con el tiempo
mis sábanas,
ayer rojas.
Ya no me
hago regalos, ¡Me sobran tantas cosas!,
He
dejado mezclarse al zarzal y las rosas,
y ahora
forman parte de un jardín donde antes
crecían con
un orden las azucenas blancas
y el
sauce que vertía lágrimas en vez de hojas.
Aunque
aún protegían el alma y sus orillas,
he
acabado tirando las llaves de las puertas.
Ya sólo
me cobijan el ocaso y la aurora.
Resultó
fácil ¿sabes?, la paz llega, se instala,
y si nada
la altera, hasta la furia aplaca.
Hoy voy
a visitarme de vez en cuando,
me
recibo con flores, que se tornan en llanto
cuando
me voy girando y descubro el sendero
que me
trae de vuelta por el camino andado.
Yo, que
no me reconozco, me busco cada día
en la
lluvia caída, sobre la hierba fresca,
en cada
mala rima y en cada estrella nueva.

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